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—Vamos Camila, tu puedes —dijo Hana, ayudándole a caminar con cuidado. Era entendible que quería evitar el daño que una posible caída podría causarle a ella y al cachorro, pero era difícil estar segura de que sus pies tocaban el sitio correcto al tener una panza sobresaliente cubriendo parte de su campo visual.

Jade, que se encontraba esperándolas en el primer piso, las vio descender por las escaleras con una lentitud similar a la de un caracol. Le resultaba divertido ver a Camila dar paso tras
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