Esa noche, la luna brillaría majestuosa en lo más alto del cielo, luciendo hermosos tonos plateados y pintando en la mirada de los Alfas un color rojizo, una señal que desencadenaba sucesos que Hana no sabía si denominar positivos o negativos.
En el cálido mediodía, Hana, sin nada que hacer, decidió salir al jardín a buscar con qué distraerse, ignorando las peticiones de Adrien, quien insistía en que no se alejara demasiado. La Omega había rodado los ojos mientras decía, "estaré bien, es sólo e