—No, Adrien —susurró asustada, separándose de los labios del Alfa. Su mente traicionera le hizo recordar el toque de Jackson, a pesar de la diferencia enorme entre el toque de ambos Alfas; la gran diferencia existente entre un toque forzado y uno amoroso—. No quiero, vas a lastimarme —sollozó.
—No te haré daño. Tranquilízate, cariño —murmuró, besando su mejilla. Siguió acariciando suavemente su cintura mientras le arrullaba con sus palabras, siendo tan dulce que Hana dudó que realmente Adrien e