Eran pequeños detalles con los que a penas podían conseguir convivir el uno al otro. Adrien era una buena persona, no lo odiaba, pero no llegaba a saber lo suficiente de él como para hacerlo más que un conocido frente a sus ojos.
Sólo lograban ser dos desconocidos que convivían e intentaban llevarse bien.
Las lágrimas que habían salido de sus ojos anteriormente yacían secas en sus mejillas. Hana suspiró y cerró sus párpados, dejándose llevar por el cansancio que le consumía.
. . .
—Vamos Hana.