Esra continuó trabajando en el restaurante durante toda la mañana, tarde y noche, cuando la fatiga ya se hacía sentir en cada articulación de su cuerpo. El uniforme de mesera, que le quedaba algo ajustado en la cintura, la hacía sentirse incómoda y fuera de lugar, pero aun así se obligaba a sonreír a los clientes, a mantener la compostura y a no dejar ver la tormenta que llevaba dentro.
Cuando el mediodía llegó y el restaurante se llenó hasta el último asiento, Kenan apareció acompañado de un g