Los hombres que Vanea había contratado para que se hicieran pasar por secuestradores y abusadores, acusaron a Esra de la mente maestra. Eso fue suficiente para declararla culpable.
Esra fue llevada a prisión, encerrada en una celda hasta que se diera el juicio.
Las lágrimas caían de sus ojos, manchando su mejilla de porcelana.
Acarició su vientre con ternura, dándole fuerzas a sus hijos, prometiendoles que pronto saldrían de ahí, y que tendrían una vida maravillosa.
Esra se rio intern