Capítulo 66. No dudes que te protegeré
Penélope no era de las qué veían y olvidaban. Su cuerpo giró con brusquedad sobre sus talones y pronto el camino de regreso al castillo se convirtió en un mar de lamentos hasta que llegó al cuarto principal.
Todo estaba a oscuras, todo apuntaba a que parecía que pasaría otra noche sola.
Sé quitó los zapatos y se puso cómoda agarrando una botella de vino del minibar de la habitación.
Ni siquiera la había abierto cuando sus lágrimas comenzaron a caer con desesperación.
—Cómo pudo hacerme esto