El silencio del ala norte quedó atrás, reemplazado por el murmullo coreografiado y el lujo sofocante de los aposentos de la Gran Sultana. El sol se había ocultado por completo tras las dunas del desierto, tiñendo el cielo de un azul cobalto que anunciaba el inicio formal de mi primera noche bajo el decreto de la equidad. Caminaba por los pasillos con el peso de la abaya de luto arrastrando sobre los mármoles relucientes, sintiendo cada paso como una marcha fúnebre para mi propia dignidad. La le