Tenía un sistema para todo.
Soren se dio cuenta el cuarto día de prestarle atención, que fue también el primer día en que admitió ante sí mismo que le estaba prestando atención.
Ella doblaba su ropa antes de dormir. No con una pulcritud exagerada, pero sí con los bordes alineados y las mangas planas, ese tipo de pliegue que tomaba treinta segundos extra que nadie pedía. Arreglaba su plato del desayuno antes de comer: el pan a la izquierda, la taza a la derecha, sin parecer consciente de lo que