Sucedió un miércoles, precisamente—esa clase de mañana ordinaria que no tenía derecho a quebrar algo tan peligrosamente íntimo.
Soren había desarrollado el hábito de encontrarla. No la cazaba como a una presa, sino que aparecía como si la propia casa conspirara para colocarlo en su órbita. Se materializaba en la sala cuando ella se acurrucaba con un libro, en el pasillo en penumbras de la cocina cuando ella bajaba a hurtadillas antes de que el personal despertara, junto al jardín cuando se demo