Se quedó dormida contra su hombro en algún punto entre el segundo puente y el límite de la ciudad, y él supo el momento exacto en que ocurrió.
No porque ella lo anunciara. No porque se desplomara dramáticamente. Fue más silencioso que eso: un suspiro apenas perceptible, del tipo que llega cuando la última tensión retenida finalmente se libera. Su cabeza encontró el hombro de él, y la mano que descansaba en su regazo se abrió levemente, los dedos sueltos, y eso fue todo.
Se había ido.
Soren no s