Hacía mucho frío en el interior de aquella celda; había perdido la noción del tiempo y no sabía si era de día o de noche. Ni siquiera recordaba cuánto tiempo llevaba secuestrada. No había día en que no lamentara haberse apartado del resto; si tan solo hubiera dejado de ser tan insensata y de lamentarse por el pasado, hubiese subido aquel día directamente a su habitación y ahí habría esperado a su marido.
Estaría cazando a Darío, no siendo su presa.
Se enterraba las uñas en las palmas de sus man