Al volver al despacho, me encontré al Sotto Capo saliendo con mala cara, yendo directo a la salida y sin siquiera detenerse a mirarme. No hice caso de él y entré junto al médico, ordenándole que le curara la herida mientras iba con Alessio para que me informara de lo que estaba ocurriendo.
Mi cuerpo todavía temblaba por la adrenalina del momento; plantarle cara a Matteo y ponerle un alto no era una decisión sencilla. Enfrentarlo nunca lo era, porque no sabía cómo iba a reaccionar. Me amparaba c