Livia
Sonreí a la mujer que me esperaba en la cubierta, vestida con un pareo que transparentaba un bonito bikini colorido, a diferencia de mí, que llevaba uno negro. No sentía un motivo para parecer alegre; ese era el color que más me representaba en aquel momento.
—Ahí estás, has tardado mucho; pensé que ya no vendrías —dijo, después de saludarme con dos besos en la mejilla.
Eché un vistazo al salón principal, donde se encontraba el Capo y el Pakhan, conversando y bebiendo whisky con un puro e