Livia
No podía contradecirlo porque sabía muy bien que después de esa noche le pertenecería por completo, cada parte de mi cuerpo sería suya, tal vez lo decía porque estaba presa de la lujuria pero... mi cuerpo nunca se estremeció por alguien como lo hacía con él. Incluso antes de que siquiera me tocara, con una sola mirada bastó.
—¿Ah, si? —subí mi pierna hasta rodear su cadera, alzando mi pelvis para rozar con él y solo quise apretarlo y restregarme contra él. —Pues hazme completamente tuya,