Livia
No aparté la mirada de él. Pude ver cómo su semblante se fue endureciendo poco a poco, mostrando que no le hacía ni puta gracia que le hablara de esa manera y no pidiera perdón por la acción tan descuidada de la noche anterior. Era un controlador, y sentir que me le estaba saliendo de las manos no le gustaba. Para Matteo Vescari, todos éramos piezas de un juego que él podía mover a su favor y desechar cuando ya no le servían.
—¿Crees que te tendría aquí si solo te viera como una pieza? —s