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No era una tarea que podía imponer a nadie, pero tantos se ofrecieron que literalmente no había lugar para que todos me ayudaran, de modo que los voluntarios ociosos decidieron invertir su energía en palear nieve para limpiar los senderos entre las viviendas del puesto.

Entraba la robusta mesa con ayuda de Milo y Mendel cuando Kian me llamó al dormitorio, desde donde los martillazos levantaban eco en el resto de la casa. Dejé que mis hermanos ubicaran el mueble y me asomé a la habitaci

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MaríaComo los amo!!!!!!
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