Mundo ficciónIniciar sesiónNo era la tienda.
Alfonse descubrió mis ojos y me hizo salir de la jaula a una habitación de piedra.
—Bienvenido a casa, belleza —me dijo con su acento untuoso y su sonrisa detestable.
Me dejó de rodillas sobre una gruesa alfombra, pestañeando mientras mis ojos se adaptaban a la luz. Poco a poco logré enfocar la vista y miré alrededor. Mobiliario pesado, lámparas y tapices en las paredes y una ventana abierta al







