Mundo ficciónIniciar sesiónNo sé cuántas horas viajábamos por día, ni cuánta distancia recorríamos, ni en qué dirección.
En algún momento nos deteníamos. Eso siempre me despertaba, porque era el momento que más esperaba cada día. Me llevaban al interior de una amplia tienda, donde Alfonse retiraba la lona, abría la jaula y me soltaba los tobillos para hacerme salir. A juzgar por la luz que llegaba al interior de la tienda,







