Sylvia siguió avanzando sin mirar atrás. Solo alzó la mano y la movió suavemente en el aire, despidiéndose de espaldas.
Andy se quedó allí de pie, algo abatido, sin apartar la vista de su silueta.
¿Cómo podía alguien tan frágil poseer una energía tan descomunal y una capacidad tan aterradora para controlar la situación?
Con el caramelo aún en la boca, Sylvia caminó hacia la salida mientras miraba la hora. Todavía tenía tiempo de sobra, suficiente para llevarse a Lily y a Lucy y huir con ellas.