Cerca de Lilac Land había una larga carretera asfaltada, flanqueada por hileras densas de árboles a ambos lados.
Las copas crecían tan juntas que casi se tocaban, y el cielo, pálido y sin color, apenas dejaba pasar una sola franja de luz entre el follaje espeso.
Sobre el asfalto, aquella luz se estiraba como una cicatriz luminosa.
Sylvia corría junto al borde de la carretera.
Un fino sudor se filtraba por su rostro pálido, pero no se detuvo a limpiarlo.
Siguió corriendo, una y otra vez, sin pen