Cinco minutos después, Sylvia se sentó con ellas en un aula vacía, la más cercana a la puerta oeste.
Sylvia permanecía allí sentada, inexpresiva. Jenny colocó un frasco blanco de pastillas sobre el pupitre y se sentó frente a ella, observándola con atención.
—Sylvia, te has vuelto más bonita que antes —comentó con suavidad.
El rostro de Sylvia se mantuvo frío.
—Mamá, ¿por qué la elogias? —protestó Bella con evidente malestar.
—No hables —la interrumpió Jenny con voz suave. Luego volvió a mirar