Cayó la noche.
La gran verja de hierro calado de la villa de la familia Clark se abrió lentamente, y dos coches de lujo entraron desde el exterior.
Los sirvientes se acercaron para abrir las puertas. Los primeros en bajar fueron Fabian y su esposa, Jenny.
Fabian, ya entrado en la madurez, se encontraba en su mejor momento. Vestía un traje impecable; incluso las arrugas en las comisuras de sus ojos parecían rebosar satisfacción y orgullo.
Jenny caminaba a su lado, serena y elegante.
—Papá, mamá, ¿también volvieron a esta hora?
Del otro coche descendió una joven. Llevaba un suéter verde de estilo universitario combinado con una falda corta, dejando ver unas piernas largas y esbeltas. Como un pajarillo, se lanzó a los brazos de Jenny.
Era Bella, la hija predilecta de la familia Clark.
—¿Por qué llegaste tan tarde? ¿No había terminado la universidad mucho antes? —preguntó Jenny con una sonrisa, tomando a Bella de la mano mientras entraban.
Fabian cruzó el vestíbulo iluminado, se quitó el