Cayó la noche.
La gran verja de hierro calado de la villa de la familia Clark se abrió lentamente, y dos coches de lujo entraron desde el exterior.
Los sirvientes se acercaron para abrir las puertas. Los primeros en bajar fueron Fabian y su esposa, Jenny.
Fabian, ya entrado en la madurez, se encontraba en su mejor momento. Vestía un traje impecable; incluso las arrugas en las comisuras de sus ojos parecían rebosar satisfacción y orgullo.
Jenny caminaba a su lado, serena y elegante.
—Papá, mamá,