Lily y Lucy permanecieron de pie a un lado, en silencio. La escena frente a ellas parecía haberse detenido, como si alguien hubiera pulsado el botón de pausa: Señor Hiram y la señorita llevaban mucho rato sin moverse.
Pasó un largo momento.
Finalmente, Hiram se movió. Arrojó su arma al suelo y, sin mostrar el menor temor, sujetó el cañón del fusil de ella con la mano, empujándola hacia atrás hasta estrellarla contra la pared.
Sylvia quedó pegada al muro, con la espalda invadida por un frío hela