—¿Volar el edificio? Señor Hiram, ya lo hemos tomado bajo control. ¿Aun así es necesario? —preguntó Martin, desconcertado.
—La hirieron. No estoy de buen humor —respondió Hiram sin expresión alguna.
Quien hacía que Hiram estuviera de mal humor debía pagar un precio aún mayor.
Sylvia lo miró en silencio, sin decir nada.
—Entendido, Señor Hiram —respondió Martin sin cuestionar lo absurdo del motivo, y aceptó de inmediato.
No mucho después de que la llamada terminara, mientras el coche seguía avan