Hiram permaneció inmóvil, observando las puertas blancas de los cubículos del baño, cada una tallada con distintos relieves decorativos.
—¿Aún no vas a salir? —habló con frialdad—. Si no sales ahora mismo, haré que desmonten este baño pieza por pieza.
Apenas terminó de hablar, se oyó un gemido doloroso.
Acto seguido, la puerta decorada con un cisne se abrió desde dentro. Una figura esbelta salió inclinada, sujetándose el abdomen, con el rostro contraído por el dolor. Aún llevaba puesto el vesti