Sylvia no tuvo tiempo de apartar la mirada cuando vio cómo la mujer entera salía despedida por los aires.
—Ziu.
Trazó una parábola perfecta.
La bandeja también salió volando.
Sylvia, que estaba más cerca, incluso estiró la mano por puro reflejo y atrapó en el aire varias brochetas aún humeantes.
Todos los guardaespaldas se giraron al mismo tiempo.
—Bang.
La mujer se estrelló violentamente contra el suelo. Su rostro se volvió mortalmente pálido. El vestido rojo se le había levantado hasta la cin