Sylvia dejó de pensar en el pedido para llevar. Tomó al vuelo un gorro y una mascarilla desechable del puesto y se los puso. Luego se colgó una chaqueta que estaba allí.
Cerró la cremallera desde abajo hasta arriba.
Hecho eso, bajó la cabeza y se mezcló con la multitud que estaba siendo desalojada.
Por el rabillo del ojo, sintió que Martin se acercaba cada vez más. Contuvo la respiración.
Ya iba a pasar…
¡Había pasado!
Justo cuando Sylvia creyó ver la luz de la victoria, una mano se posó sobre su hombro. Su corazón dio un salto, y entonces escuchó la voz de Martin:
—El desalojo no incluye a los comerciantes. Vuelvan a sus puestos y sigan trabajando con normalidad. Asen algo rico.
¿Comerciante?
Sylvia se quedó un instante atónita y, al bajar la cabeza, vio que en el pecho de su ropa estaban impresas las palabras "Smoke BBQ".
En la confusión del momento, se había puesto el uniforme del puesto de parrilla.
Bajó la cabeza con fastidio.
Martin añadió:
—Recuerda sacar los ingredientes más l