Ronan P.O.V
El bosque arrasado era un lienzo de desesperación gris. El aire estaba espeso con el aroma de tierra moribunda y el tenue, metálico rastro de la plaga. Me encontraba de pie sobre el cuerpo aún tembloroso de otra de mis lobas, una joven llamada Lena, cuyos ojos ardían con un verde esmeralda inquietante. Había llegado demasiado tarde. El condicionamiento había tomado control. Me había mirado sin reconocimiento alguno, solo con la fría evaluación analítica de una máquina identificando u