La figura se deslizaba hacia ellos, sin que sus pies parecieran tocar el suelo. No caminaba; avanzaba, y a su paso, el mundo dejaba de ser. El vibrante liquen de las rocas se desvanecía en un gris uniforme. La textura misma de la piedra se alisaba, perdiendo su millón de años de historia. Era un artista de la nada, y su lienzo era la realidad.
Ronan dio un paso al frente, interponiéndose entre Elara y el horror que se aproximaba. Desenvainó su espada, el acero brillando con una luz desesperada