El silencio en la cámara de la Cronomatriz fue el sonido más fuerte que Kaelen había escuchado jamás. Era el vacío que queda tras un grito, la pausa conmocionada tras el acorde final y estrepitoso de una sinfonía. La esfera de luz ya no zumbaba; rugía con una energía caótica y cautiva, una galaxia atrapada de experiencia humana.
Valerius permanecía petrificado, con el rostro convertido en un lienzo de incredulidad. Las líneas perfectas y lógicas de su mundo habían sido borradas, emborronadas po