Leon olía a vuelo corto, cuero caro y miedo.
Adriana lo supo antes de verlo bien porque el miedo de su hermano siempre había tenido esa calidad exacta: limpia, cara, contenida. Nunca sudorosa ni vulgar. Un miedo educado para no romper la superficie hasta el último segundo posible.
Damián había conseguido interceptarlo antes de que abandonara del todo la zona del helipuerto y lo había llevado por una ruta técnica hasta un mirador ciego sobre Fontvieille, a medio camino entre un estacionamiento d