El vestidor no estaba pensado para dos cuerpos despiertos.
Estaba pensado para telas caras, estuches de viaje, zapatos alineados por color y la clase de orden que hace creer a la gente rica que la vida puede archivarse si se dobla bien. Adriana sintió la espalda rozar una funda de seda y el antebrazo de Franco tensarse a pocos centímetros del suyo mientras ambos medían la respiración para no dejarla salir con peso. El espacio era tan estrecho que el cuerpo de él se había vuelto una frontera más