El nombre apareció por primera vez escrito a mano.
No en una pantalla, no en una carpeta impresa, no en uno de los archivos clasificados de Franco, sino en una hoja de papel grueso que él sacó de una caja plana del subsuelo y dejó sobre la mesa como si nombrar algo por primera vez exigiera una superficie más honesta que una pantalla iluminada.
La hoja tenía solo eso, en la letra angulosa de su padre:
NEREA
Debajo había líneas, flechas, tres columnas de notas cifradas y una serie de ubicaciones a