La villa apareció primero en memoria, no en plano.
Adriana la vio cerrando los ojos en la sala del subsuelo, mucho antes de que Franco desplegara sobre la mesa una impresión del Jardín Exotique con accesos, desniveles y sombras. La recorrió por dentro como se recorre un cuerpo que uno conoció demasiado bien y al que ahora tiene que volver como intrusa: la escalera principal demasiado exhibida, el corredor este con la luz de tarde siempre más fría, la biblioteca de Tomás, el pequeño estar donde B