**Punto de vista de Valente**
No dormí. Me senté en el borde de la cama menos de diez minutos antes de volver a ponerme de pie. La habitación todavía olía a ella: jabón limpio, un leve rastro del antiséptico de la clínica, el suave aroma de su piel. Los zapatos pequeños de Leo estaban junto a la puerta, uno volcado. Un camión de bomberos de plástico, con la pintura saltada de tanto cariño, estaba debajo de la silla. Lo recogí sin pensar, el peso pequeño y desgarrador en mi palma. Luego lo solté