ARIA
Me desperté gritando.
El sonido salió desgarrado de mi garganta, crudo y desesperado, llenando la pequeña habitación blanca. Mi pecho subía y bajaba con violencia. Mi cuerpo estaba empapado en sudor, la fina sábana de algodón enredada alrededor de mis piernas. El aire era frío e inmóvil, pero mi mente ardía.
Había sido la misma pesadilla. Solo que esta vez peor.
Estaba de vuelta en mi sala de estar. La del refugio seguro, la del sofá azul suave y los juguetes de madera esparcidos sobre la