**Punto de vista de Aria**
Me desperté con el suave y constante pitido de una máquina junto a mi cama y el peso cálido y perfecto de mi hijo durmiendo sobre mi pecho. La habitación olía fuertemente a antiséptico y, de forma más tenue, a humedad por la lluvia. La tormenta de la noche anterior por fin había pasado, dejando un silencio pesado a su paso. Mi corazón aún latía acelerado al recordar los gritos, el dolor cegador y la forma en que las manos de Amaro habían sostenido las mías, anclándome