**Punto de vista de Aria**
Me desperté con el suave y constante pitido de una máquina junto a mi cama y el peso cálido y perfecto de mi hijo durmiendo sobre mi pecho. La habitación olía fuertemente a antiséptico y, de forma más tenue, a humedad por la lluvia. La tormenta de la noche anterior por fin había pasado, dejando un silencio pesado a su paso. Mi corazón aún latía acelerado al recordar los gritos, el dolor cegador y la forma en que las manos de Amaro habían sostenido las mías, anclándome durante cada contracción.
Mi cuerpo me dolía por todas partes. Las piernas las sentía débiles y temblorosas. Un dolor profundo y persistente me palpitaba en la zona baja de la espalda. Los brazos me pesaban tanto que temblaban. Pero aun con todo el dolor y el agotamiento, no podía dejar de mirar a la personita diminuta acurrucada contra mí. Mi hijo. Mi bebé. Su piel era tan cálida, su respiración un suave y rítmico soplido contra mi piel. Mi corazón se sentía hinchado, demasiado lleno, como si