Desde el punto de vista de Aria
De alguna manera, a través del dolor cegador y del miedo que me ahogaba, seguí respirando. Mantuve mi rostro pegado a él, concentrándome en el latido sólido de su corazón que sentía a través de su pecho, en el sonido de su voz ordenándome que viviera.
Por fin llegamos a una gran camioneta negra estacionada al lado de la casa. Abrió la puerta del copiloto con una mano y me acomodó con cuidado en el asiento. Me dejé caer hacia atrás, agotada, llorando, temblando