### Punto de vista de Valente
La oficina estaba en silencio, salvo por el sonido suave y rítmico de la respiración de mi hijo.
Él yacía en una simple cuna de madera que había colocado junto a mi escritorio. Las sábanas eran blancas. Sin juguetes. Sin mantas de colores. Sin móvil colgando encima. Solo él.
Me quedé allí de pie, con las manos en los bolsillos, mirándolo fijamente.
Estaba despierto.
Tenía los ojos abiertos, oscuros y muy grandes, sin parpadear. No lloraba. Apenas se movía. Solo me