Nadia.-
¿Cuándo será el día en que deje de recibir malas noticias? ¿Acaso ya no he pasado lo suficiente?
Las voces del médico y de Emil se oyen lejanas, mi cerebro quedó en pausa, a pesar de las luces incandescentes del consultorio sentía que nuevamente estaba cayendo sobre un agujero negro.
Todo parecía una cruel burla.
— ¿Cuánto? –pregunté de una manera tan mecánica, el silencio fue tenso, me sentía suspendida en el aire como si estuviera en otra dimensión, pero el abrazo de Lina me sosten