Nadia.-
— Sé que tengo poco tiempo, no tendré la satisfacción de torturarte como hubiese querido así como lo hiciste conmigo, pero algo es algo.
La frente de Marko brillaba por el sudor, la daga tenía un filo que provocaba un dolor intenso, intentar sacársela lo desangraría y él lo sabía.
— Vamos, adelante, sácatela –sus ojos me miraban con odio, pero no podía evitar que yo notara el pánico que su cuerpo no podía ocultar con ese temblor involuntario–. Oh, se me olvidó decirte, la punta de mi