Nadia.-
Pese a mi negativa me obligué a levantarme de la cama, arrastré los pies hasta la habitación de Lina, cuando abrí la puerta me detuve en seco al ver el gran desorden que había en el lugar. Su habitación en grande, no tanto como la de Emil o la que yo tenía anteriormente, pero con suficiente espacio para que viva una pareja y un pequeño.
— ¿Lina?
— ¡Ya salgo! –grita desde el baño muy animada.
— Uhm… ¿pasó un huracán por aquí y no nos dimos cuenta?
Camino por todas las bolsas y ropa tirad