La habitación principal de La mansión Romanov, se encuentra sumida en un silencio que carece de realidad. Bajo la superficie del cuerpo de Nicolay la química del sedante libra una batalla perdida contra la adrenalina purísima que bombea su corazón. La hora y media que Darko ha previsto se hace en cuarenta minutos. Los párpados del Boss vibran, sus dedos se entierran en las sábanas de seda y con un gemido que suena más como un rugido sofocado que a un sonido humano, el Pakhan abre los ojos.
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