El vuelo de regreso desde Florencia fue aparentemente tranquilo. Dentro de la cabina privada, Declan y Valentina compartieron silencios que, por primera vez en meses, no se sentían como muros, sino como treguas. Sin embargo, en cuanto los neumáticos del avión tocaron la pista del JFK en Nueva York, la realidad los golpeó con la fuerza de un huracán.
Al cruzar la puerta de la terminal privada, el destello de cientos de flashes los cegó instantáneamente. Edward se había encargado de filtrar la ho