— ¡Qué placer! —expresó la mujer de manera entrecortada.
Clarisse luchó por respirar; la figura posicionada frente a ella no solo le robaba el aliento, sino que hacía de su cuerpo un manojo de nervios.
— ¡Milady! —los ojos del hombre recorrieron el cuerpo de Clarisse y ella se sintió acariciada—. Espero que esté pasando una buena tarde en compañía de su familia —sonrió y el corazón de la dama se aceleró.
— Ciertamente lo estoy pasando bastante bien, Milord, gracias por los buenos deseos —respon