Capítulo 125 —Códigos rotos
Narrador:
El aire dentro de la cabaña estaba tan cargado que costaba respirar.
Esteban seguía atado a la silla, amordazado, los ojos desorbitados. Eloísa temblaba a un costado, la marca roja del golpe todavía fresca en su mejilla. Gustavo se movía con esa calma insoportable de los hombres que creen tener el control absoluto.
Tony dio un paso al frente. No levantó la voz, no gritó, pero cada palabra salió afilada.
—Suelta a Esteban.
Gustavo lo miró como si hubiera pedi