Susana se giró al escuchar la voz. Frente a ella, un hombre de cabello corto y brillante, con la piel clara y un rostro que parecía sacado de una portada de revista. Sus ojos, llenos de luz, la transportaron directamente al pasado.
Era Esteban Quintana. Se habían conocido en la universidad y, aunque su relación fue breve, dejó huella. Solo estuvieron juntos unos meses antes de que él se fuera a estudiar al extranjero. La distancia no perdonó, y la relación no sobrevivió ni una semana más.
Jamás