Susana miró a Matías, que ahora parecía un poco más alto. Negó con la cabeza, sintiendo una mezcla amarga de ternura y dolor.
Ella lo había criado con sus propias manos, lo había amado con paciencia infinita. Pero él... él la había herido tantas veces sin siquiera entenderlo.
Recordó cómo lo había visto dar sus primeros pasos, entrar al jardín de infancia, y cómo cada año le regalaba algo especial: panecillo hecho por ella, o pequeños detalles que él ya no valoraba. Incluso esas barras de oro qu