Rodrigo se quedó helado. Todo el color abandonó su rostro. Desde que Susana se había ido, Matías lo era todo para él. Si le pasaba algo a su hijo, probablemente ni siquiera tendría ganas de seguir viviendo.
Susana, que había alcanzado a escuchar lo que decía la persona al otro lado del teléfono, mantuvo la calma y le dijo con firmeza:
—Tranquilo. Preguntá primero si alguien más fue a buscar a Matías.
Rodrigo comenzó a llamar desesperado. Uno por uno, contactó a todos los que conocía. Nadie sabía